INICIA SESIÓN

En la entrevista realizada por Ana Ayala a la escritora, psicóloga y experta en inteligencias múltiples y emocionales Begoña Ibarrola, podemos descubrir ideas clave para abordar la educación de nuestros hijos dentro de los retos de la educación del siglo XXI.

Cabe el riesgo que nos centremos solamente en el desarrollo académico de los jóvenes
dejando a una lado su crecimiento personal, social y emocional. De esta forma, en cada
uno de los eventos realizados por Progrentis, insistimos que la clave es “educar desde el
corazón”, no solo en la escuela sino también desde el propio hogar, donde construimos
los cimientos mentales y emocionales de nuestros niños.

La atención a las exigencias de las nuevas generaciones busca en todos sus ámbitos cambios importantes para reducir el preocupante índice de abandono y fracaso escolar. Por ello, desde Progrentis hacemos reseña al siguiente artículo lleno de consejos útiles que podemos poner en marcha.

¿Qué beneficios tiene ayudar a canalizar las emociones de los niños?
Las emociones nos acompañan durante toda la vida, de hecho antes de nacer ya sentimos y es al cabo del tiempo que empezamos a pensar. Así que en primer lugar somos seres que sentimos y luego somos seres que pensamos. Debemos conocer bien los fenómenos emocionales: cómo aparecen, cómo se expresan y cómo se regulan para ayudar a los niños a ser capaces de manejar su mundo emocional en lugar de dejarse llevar por él. Aprender a conocer nuestra dimensión emocional, que forma parte de la personalidad de todo ser humano, nos capacita también para comprender a los demás y favorecer un buen aprendizaje social.

¿Existe una relación entre inteligencia emocional y fracaso escolar?
Hay numerosos estudios que demuestran que es así. Existen emociones que favorecen el proceso de aprendizaje y otras que lo dificultan o incluso lo bloquean. Para aprender es necesario prestar atención, comprender y memorizar lo aprendido, y todos conocemos a alumnos que por miedo o ansiedad excesiva son incapaces de contestar en un examen porque su mente se ha quedado ‘en blanco’ por causa de un estado emocional intenso que les impide demostrar lo que se saben. Si queremos frenar el preocupante índice de abandono y fracaso escolar que se da en nuestro país, no queda más remedio que abordar la educación emocional desde la etapa de infantil hasta el fin del proceso educativo. Las personas que se han formado para ser emocionalmente inteligentes tienen mejores resultados académicos y se sienten más motivadas para aprender durante toda la vida.

Si queremos frenar el preocupante índice de abandono y fracaso escolar que se está dando en nuestro contexto cultural, no queda más remedio que abordar la educación emocional desde la etapa infantil hasta el fin del proceso educativo

¿La violencia escolar puede estar asociada a una inadaptación emocional?
Existen determinadas competencias emocionales asociadas a la prevención de
conductas violentas como son la regulación emocional y la empatía. Pero también es
cierto que cuando los alumnos sienten miedo se activa un circuito cerebral impulsivo de ataque o huida. Cuando uno se siente amenazado —y no tiene por qué ser a nivel
físico—, no puede aprender porque su atención se centra en aquello que le da miedo, y a veces responde de forma agresiva por pura defensa. En mi trabajo como terapeuta también he conocido a alumnos que estaban pasando momentos emocionalmente muy difíciles, de mucha presión, y al no disponer de mecanismos internos para ‘sacar el vapor sobrante’ —como tiene cualquier olla—, explotan mediante conductas violentas o disruptivas. Centrar la atención en la conducta, sin averiguar qué pasa en el interior de ese alumno, supone fracasar porque no se va el origen de esos problemas, que suele estar en su mundo de emociones y pensamientos.

¿Cuáles son las claves de la educación emocional?
Comienza en la etapa prenatal, pero a lo largo de la vida podemos aprender a manejar una serie de ‘herramientas’ que nos permitan conocer, expresar y regular nuestro mundo emocional, tanto el que se genera en nuestro interior, como el que se produce y manifiesta en nuestras relaciones. Aprender a ser uno mismo y también a convivir son dos aprendizajes válidos para toda la vida, dos caras de la educación emocional inseparables y necesarias. Hay diferentes modelos de competencias emocionales: el de Salovey y Mayer, Goleman, Boyatzis, Bisquerra… pero casi todos pivotan alrededor de cinco ejes: Conciencia emocional, Regulación emocional, Autonomía emocional, Conciencia social y Gestión de relaciones. Y en cada una de estas competencias se ofrecen diferentes herramientas, como la autoestima, la asertividad, la empatía, el optimismo, la resiliencia…

Una clave, por tanto, se encuentra en la combinación de aspectos intrapersonales con otros interpersonales que nos ayuden a tener una vida más plena. Otra, en comprender que una verdadera educación emocional ha de promover la madurez emocional de los alumnos y no solo su ‘aprendizaje emocional’. Aprender a ser uno mismo y también a convivir son dos aprendizajes válidos para toda la vida

¿Y si se trata de descubrir las inteligencias múltiples?
Todos los seres humanos seríamos más felices si supiéramos desde pequeños que tenemos determinados talentos o inteligencias en diferentes ámbitos. La teoría de II MM de Howard Gardner es muy sanadora pues defiende y demuestra que todos somos inteligentes, sólo que poseemos distintos tipos de inteligencia. Así que tenemos derecho a ser diferentes y no nos va a faltar la autoestima. Es importante que toda la comunidad educativa conozca los diferentes tipos de inteligencia y mire a los niños en busca de sus potencialidades, a veces escondidos. La sociedad necesita personas diferentes para realizar trabajos distintos y que cada una aporte lo mejor de sí misma al bien común. Padres y profesores tienen una gran responsabilidad en este campo y considero que esta teoría, aparte de ser una metodología, implica también una mirada diferente sobre el ser humano.

Aseguras que la familia es la primera escuela de aprendizaje emocional, ¿por qué es importante que los padres lean cuentos a sus hijos?
Porque es donde las emociones se transmiten a través del tono de voz de las palabras y antes de que los niños comprendan su significado. La lectura de cuentos genera un espacio de encuentro entre corazones donde se refuerzan los vínculos afectivos que todo niño tiene que desarrollar para un crecimiento armónico. Además, les permite realizar lo que denomino ‘un entrenamiento emocional’.

En este tipo de relatos aparecen emociones de todo tipo como alegría, miedo, enfado, sorpresa o envidia, y los niños se ven arrastrados por estas experiencias emocionales, pero desde una distancia de seguridad que les permite sentir y vivirlas sin riesgos. Sin embargo, por empatía, sienten con los personajes e incorporan vivencias a través de la imaginación que les van a servir de soporte para ir interpretando el mundo que les rodea y su propio mundo interior, incluso antes de que puedan poner nombre a sus emociones y sentimientos. La lectura de cuentos genera un espacio de encuentro entre corazones donde se refuerzan los vínculos afectivos

¿Es importante que el centro y los padres trabajen de forma coordinada a la hora de gestionar las emociones?
Sí, se debe dar de cualquier forma y en cualquier ámbito, pero precisamente la educación emocional se basa en el entrenamiento y eso supone que los padres deben apoyar en casa lo que se está trabajando en la escuela.

¿Cuáles son las bases de ese proceso?
Es importante que vaya en la misma dirección, por ejemplo, apoyar la expresión de las
emociones, en lugar de tratar de reprimirlas por que las consideramos poco adecuadas. Valorarlas todas por igual porque aportan información muy valiosa del mundo interior
de nuestros hijos y, por tanto, permiten conocerles mejor. Pero es evidente que hay enseñarles a expresarlas de forma correcta. Además de impulsar la empatía de los adultos hacia ellos, es decir, tener una mirada atenta que permita descubrir cómo se sienten y servir a la vez de modelos.
Si trabajamos en común con coherencia, los niños aprenden muy pronto las lecciones emocionales.

Refiriéndose a los niños afirmas: “De qué sirve una mente llena de cosas si su corazón no ha madurado”. ¿Cómo debería recoger el currículo oficial la importancia de la educación emocional?
La frase de Baltasar Gracián dice exactamente: “De nada sirve que el entendimiento se adelante si el corazón se queda atrás”, y nos lleva a reflexionar sobre la falta de madurez que muchas personas con grandes conocimientos pueden manifestar. El desarrollo de competencias cognitivas no va asociado necesariamente al de las emocionales, por eso nos encontramos con jóvenes con un gran currículum académico, que acaban fracasando estrepitosamente en sus relaciones interpersonales, donde el componente emocional es clave para el éxito.

Baltasar Gracián: “De nada sirve que el entendimiento se adelante si el corazón se queda atrás”

Y ¿en el caso de las inteligencias múltiples?
La teoría de Howard Gardner ya está presente como metodología en muchos centros educativos de España y existen experiencias innovadoras reconocidas por el propio Gardner como las llevadas a cabo en el Colegio Montserrat de las Misioneras Hijas de la Sagrada Familia de Nazaret y en otros centros de la misma Congregación, desde hace más de 15 años y desde Infantil hasta Bachillerato.

Si se tuvieran en cuenta en el currículo oficial, con toda seguridad la calidad de la enseñanza mejoraría, pero ello supone una formación al profesorado y una explicación a las familias de lo que implica esta nueva metodología y visión. Sin esta formación es difícil implantar este modelo en las aulas, pero confío en que poco a poco la mancha de aceite se vaya extendiendo y se vaya reconociendo que no es una moda, sino que viene para quedarse, al comprobar las ventajas que supone para el profesorado y el alumnado.

¿Qué necesitan los docentes para poder educar en emociones a su alumnado?
En primer lugar, comprender que su función como educadores va mucho más allá que la de meros transmisores de información o conocimientos, ya que por otra parte hoy se encuentran también fuera de las aulas.
En segundo, que necesitan formación en este campo puesto que en sus estudios no existe una asignatura que aporte estos contenidos ni estrategias para desarrollar estas competencias emocionales.
Y, en tercer lugar, que asuman que el clima emocional que generen en el aula será uno de los factores que influyen más en el aprendizaje, así como su vinculación emocional con el alumno. En clase, ninguna interacción es emocionalmente neutra. Pero antes de formar al claustro es imprescindible que los equipos directivos sean los que tomen la iniciativa a la hora de implantar estos programas en las aulas y que las familias estén informadas y se sientan también implicadas en su desarrollo.

Antes de formar al claustro en educación emocional es imprescindible que los equipos
directivos tomen la iniciativa a la hora de implantar estos programas en las aulas.

Ana Ayala
https://www.educaciontrespuntocero.com
Periodista de vocación, formación y profesión

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