INICIA SESIÓN

Desde el equipo de Progrentis sentimos una gran responsabilidad para hacer entender a las familias los rotundos cambios que están sucediendo y las necesidades que están demandando los ciudadanos del siglo XXI.

La educación como tal, seguirá transformando vidas y generando cambios en todas las áreas. De ahí la importancia de entender que tanto la familia como la escuela tienen un cometido específico y cada una está llamada a desarrollarse plenamente en su facultad.

Emilio Torres, director pedagógico de Progrentis y experto en innovación educativa, cita en el siguiente artículo que si se trabaja en conjunto, la escuela contará con el tiempo necesario para repensar su trabajo pedagógico y mejorarlo. Así la familia estará desarrollándose como una pequeña e irremplazable escuela de emociones. El valor agregado que tiene la familia en la educación y formación de la personalidad de los niños es indelegable e insustituible.

La familia como primer ámbito educativo necesita reflexionar sobre sus pautas educativas y tomar conciencia de su papel en la educación de sus hijos e hijas. La realidad actual se le escapa, y esto repercute en la vida de los niños, que conlleva a su vez problemas escolares y familiares que surgen a diario: desinterés, falta de motivación, dependencia, bajo rendimiento, fracaso escolar o violencia entre otros, y no se pueden achacar a la sociedad en abstracto, a la familia, a la escuela o al alumnado de manera independiente, sino que la interacción de todos ellos es la que propicia esta situación.

Son los padres y las madres quienes gozan de una relación de intimidad que exclusivamente se da en el seno de la familia y que permite todo tipo de interrelaciones personales: de afecto, ayuda, orientación y soporte que influyen y modifican los comportamientos de todos sus miembros. Suele decirse que en una familia todos educan y son educados o también que para educar a un niño se necesita a toda la tribu. Son, asimismo, los padres y madres quienes están en mejores condiciones, a causa de su cariño desinteresado, de conseguir el aumento en autonomía de sus hijos e hijas y, por tanto, la madurez: un crecimiento en libertad y responsabilidad que solamente es posible, de manera armónica, cuando la familia soporta las decisiones personales con su mezcla de aciertos y errores.

La participación de los padres en la vida escolar parece tener repercusiones
tales como:
• Una mayor autoestima de los niños y niñas.
• Un mejor rendimiento escolar.
• Mejores relaciones padres/madres e hijos/hijas.
• Actitudes más positivas de los padres y madres hacia la escuela.

Los efectos repercuten incluso en el profesorado, ya que los padres y madres consideran que los más competentes son aquellos que trabajan con la familia. Por lo tanto, es necesaria una nueva forma de enfocar la educación en familia, en la que esta tome conciencia de la necesidad de su participación en ámbitos sociales más amplios. Esto exige una formación de padres y madres.

Las propuestas han de ir enfocadas hacia intervenciones globales en las que se impliquen las instituciones sociales, escolares y familiares, desde una perspectiva interactiva, ecológica y comunitaria.

La escuela se sitúa en el segundo espacio, de vital importancia, en la vida de los niños y niñas. Entre sus objetivos se encuentra:
• Fomentar la participación.
• Cooperación.
• Colaboración entre el alumnado.

En consecuencia, la puesta en práctica de los valores comunitarios y democráticos que se proponen en la familia y la escuela formarían parte de las experiencias y vivencias del alumnado, desde los dos ámbitos en los que interactúa cada día, configurando su identidad y autoconcepto. La educación no se puede fragmentar, y la familia y escuela son entidades paralelas y complementarias en este proceso, por ello la educación no tendrá éxito si no hay coherencia y comunicación en los dos ámbitos.

Emilio Torres González
Publicado el 15 septiembre, 2016

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